martes, 19 de mayo de 2009

Cae el presidente del Parlamento británico

Martin se convierte en el primer 'speaker' obligado a dimitir en 300 años - Los partidos negocian una profunda reforma de los privilegios de los diputados.
Michael Martin, un antiguo obrero del naval, escocés, católico y con 30 años de parlamentario, los nueve últimos en calidad de speaker o presidente de la Cámara de los Comunes, se convirtió ayer en la gran cabeza de turco de la crisis política que se vive en Reino Unido.

Martin anunció su dimisión, que tendrá efecto el 21 de junio. Es la primera vez en más de 300 años que el Parlamento fuerza la dimisión de su presidente. El último hasta ayer había sido sir John Trevor, obligado a dejar el cargo en 1695 al ser considerado culpable de aceptar sobornos.

Los tiempos cambian. Martin no ha llegado a ser acusado formalmente de nada, ha caído por inepto, no por corrupto, y ha bastado una rebelión parlamentaria y una noche de consulta con la almohada para hacerle ver que su suerte estaba echada y no le quedaba más salida que la dimisión. Ha tenido más suerte que algunos de sus antecesores, como los tres speakers ejecutados por el rey Enrique VIII en el siglo XVI.

El laborista Michael Martin no ha llegado a perder la cabeza físicamente, pero su caída se debe en gran parte a su propia mala cabeza: primero se obstinó en impedir que se publicaran los datos de los gastos de los diputados y en los últimos días ha dado la impresión de no darse cuenta de la gravedad de la crisis política que atraviesa Reino Unido y del desprestigio público que está sufriendo la más respetada de sus instituciones: el Parlamento.

Sus enemigos veían en él un tapón a las reformas que exige la sociedad. Pero sus amigos le tienen más bien por una víctima del esnobismo, a un hombre perseguido por gran parte de la prensa desde que fue designado presidente en el año 2000 y al que ahora un sector de los diputados ha elegido como el pagano de la crisis, como sacudiéndose sus propias responsabilidades.

Algo hay de eso: por grande que fuera la torpeza política de Martin, por mucho que mirara a otro lado y evitara bucear en los gastos de los diputados, al final los únicos responsables son cada uno de los que eligieron abusar de los gastos para compensar un salario que les parecía escaso. A fin de cuentas, no todos han abusado.

La Cámara elegirá un nuevo presidente el 22 de junio. Por primera vez, la elección se decidirá por voto secreto de los diputados, que irán votando de forma sucesiva hasta que uno de los candidatos obtenga al menos la mitad más uno de los votos.

La dimisión de Michael Martin, que dejará también su escaño en los Comunes, obligará a convocar elecciones parciales en la circunscripción de Glasgow Norte para sustituirle. Una mala noticia para los laboristas, aunque su principal rival no será un candidato tory, sino un nacionalista escocés o quizás algún independiente que defienda la bandera de la honestidad.

Pero la principal preocupación que ahora embarga al primer ministro británico, Gordon Brown, es recuperar la iniciativa política en una crisis que está siendo aprovechada por el líder conservador, David Cameron, a pesar de que el desprestigio afecta lo mismo a diputados tories que laboristas y también a liberales-demócratas.

El primer ministro se reunió en la mañana de ayer con la ejecutiva de su partido, ante la que dejó claro que los diputados laboristas "que rompan las reglas" no representarán al partido en las próximas elecciones. Pero descartó que sean las bases locales las que decidan por su cuenta si un diputado merece o no ser apartado.

Brown, Cameron y el líder de los liberales-demócratas, Nick Clegg, se reunieron por la tarde con el presidente para arrancar las negociaciones entre los tres grandes partidos para impulsar una reforma no sólo del polémico asunto de los gastos de los diputados sino del funcionamiento mismo de un Parlamento que parece anclado en el pasado. Los símbolos siguen pesando mucho en una institución en la que aquellos que no pertenecen a ella son llamados "extraños", los diputados deben dirigirse unos a otros como "honorable miembro", en los Comunes se habla de la Cámara de los Lores como "el otro sitio", y viceversa, por no hablar del arcaico boato y el velado sometimiento a la reina que destila la ceremonia anual de apertura del curso parlamentario.

Como se esperaba, Brown anunció luego en una rueda de prensa que los tres partidos están de acuerdo "en principio" para acabar con el actual sistema de autorregulación con el que los diputados fijan las reglas de cómo subvencionar sus gastos para que sea una comisión independiente la que decida.

El primer ministro quiso enfatizar la importancia de un cambio como ése al subrayar la legendaria oposición del Parlamento a ceder en su hasta ahora absoluta capacidad de decidir su propia forma de organizarse.

"Westminster no puede seguir operando como un club de caballeros en el que sus miembros establecen las reglas que les afectan a ellos mismos", dijo. "Si los miembros del Parlamento siguen fijando sus propios códigos, por muy objetivos que intenten ser, el público siempre pondrá en cuestión la transparencia y los estándares que con todo derecho exigen", añadió el primer ministro Brown.

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